Hay objetos que se tienen.
Y hay objetos que acompañan.
El mate pertenece a esa segunda categoría. No es algo que queda olvidado en una mesa de luz ni un recuerdo que pierde sentido con el tiempo. Es algo que se usa. Que circula. Que se comparte.
Y en ese uso cotidiano es donde vive su verdadero valor.
Como dice Jorge Abel Lossada:
“Encontrarme con el mate fue algo natural, porque es algo de uso popular… todo el mundo usa el mate.”
No hay artificio en ese vínculo. No hay construcción forzada.
Hay pertenencia.
Regalar un mate tampoco es un gesto menor. No es un objeto más.
“Hay regalos que van a parar a una mesa de luz… En cambio cuando regalan un mate es algo que la gente usa… y se sigue acordando del que le regaló.”
Ahí aparece algo que trasciende lo material: la memoria.
El mate no se guarda. El mate permanece en uso. Y en ese uso, conserva el vínculo.
Durante generaciones, esa lógica fue clara.
“Siempre las madres, los padres, acostumbraron regalar a sus hijos… una bombilla de plata, un mate de plata.”
No como un objeto decorativo, sino como símbolo.
Como parte de una cultura que se transmite.
Y en ese punto, la elección del material tampoco es casual.
“Me gustó cómo queda la plata trabajada… cuando más se la blanquea más linda queda. Nació para ser blanca.”
La plata no es solo estética. Es comportamiento.
Es un material que responde al trabajo, que revela su carácter con el tiempo.
“Es dócil para trabajar… se puede estirar, se pueden hacer hilos… uno le va dando la forma.”
No se trata de imponer, sino de acompañar el proceso.
Y ahí aparece otro punto clave del oficio: la interpretación.
“Los clientes van imponiendo su gusto, y está en nosotros saber interpretar lo que le gusta a la gente.”
El trabajo no es solo técnico. Es sensibilidad.
Es entender qué busca el otro y traducirlo en una pieza.
Jorge lo explica con una lógica simple, pero profunda:
“Es como el músico… el que canta lo que quiere escuchar el pueblo, ese es el que perdura.”
Ahí está la clave.
No en hacer por hacer.
Sino en conectar.
En Platería Lossada, cada mate nace en ese cruce: entre tradición y uso, entre material y forma, entre historia y presente.
No es un objeto terminado.
Es una pieza que empieza a vivir cuando pasa a manos de alguien más.
